¿Qué es la semiótica?

 


Nada, en esta vida, se limita a tener tan sólo su inaccesible sentido literal; todo flota en el vacío de un espacio potencialmente infinito de interpretaciones posibles. Así, y por consiguiente, nada puede ser interpretado según la utopía de un sentido autorizado, definido, original y final.

UMBERTO ECO

INTRODUCCIÓN A LA SEMIÓTICA

La semiótica se define como la disciplina que intenta explicar las relaciones sociales desde el punto de vista significativo, al igual que la idea de sentido y significación que pueden derivar a partir de ciertos comportamientos comunicativos.

 Hasta la aparición de la semiótica, la investigación en el campo de la producción del sentido y significación se limitaba a estudios parciales en los cuales se intentaba dar respuesta al problema de cómo se produce el sentido a través de los textos y signos. Fue a finales del siglo XX, cuando las ciencias humanas dispersas hicieron un esfuerzo por sistematizar los métodos de trabajo. A partir de este momento el estudio de la significación y conocimiento se volvió multidisciplinar, para posteriormente cobrar el nombre de semiótica o semiología.

La pretensión de semiótica consiste en aclarar un sistema de mecanismos por medio de los cuales  se efectúa la comunicación y creación de relaciones con el mundo.

La base de la semiótica es el signo. Según la RAE, un signo es un objeto, fenómeno, acción material que natural o convencionalmente representa o sustituye a otro objeto, fenómeno o acción. Para Saussure un signo es la unión de un significado con un significante, en cambio para Peirce el signo  tiene una composición triádica: se fundamenta en un objeto, representamen e interpretante. Un mismo signo puede jugar varios papeles al mismo tiempo: una imagen puede representar algo, expresar algo, referirse a su propio carácter material, aludir a algo, ser una metáfora o un constituir otro tipo de signo indirecto. Puesto que la semiótica se interesa en encontrar reglas y regularidades generales, intenta describir estos fenómenos como funciones genéricas en una cierta clase de sistema. Los signos no tienen límites, pueden ser cualquier cosa que tenga significado, median las relaciones e interacciones humanas. Todo lo que percibimos del mundo nos llega en forma de estímulos infinitos, de los cuales retenemos tan sólo lo que es pertinente para nosotros. La pertinencia es resultante de un proceso que consiste en pasar los estímulos por un filtro de significados, cuyos límites marca cada cultura. Todo ello pertenece a la economía de existencia.

Según ello, la semiótica estudia todos los procesos culturales como procesos de comunicación. Es una ciencia ambiciosa que en su planteamiento pretende desvelar las claves de las maneras de conocer y actuar del ser humano.

Los orígenes de la semiótica se encuentran en la pregunta: cómo comprendemos la realidad. El estudio de la significación se ha concretado en 3 líneas fundamentales del trabajo:

-         Semiótica teórica: se ha ocupado de definir conceptos básicos de la semiótica, como: signo, sistema, sentido, paradigma, código, sintagma.

-         Semiótica descriptiva: se ha ocupado de clasificar y describir los sistemas comunicativos. Es fundamentalmente taxonómica: ordena y segmenta, tratando de describir frases, actos lingüísticos, imágenes.

-         Semiótica aplicada: es interdisciplinar, aplica conceptos teóricos definidos por la semiótica teórica y descriptiva a textos concretos.

En fin, como dice Pablo Mora, el sujeto de la semiótica, resultado de la segmentación histórica y social del universo, se presenta como un modo de ver el mundo, en cuanto una forma, manera de segmentar el universo y asociar unidades expresivas con unidades de contenido, a partir del hacer y deshacer de concreciones histórico-sistemáticas. La semiología investiga el proceso de creación o semiosis como real sujeto, como el proceso por el que los individuos comunican y los sistemas de significación hacen posible los procesos de comunicación.

LOS OBJETIVOS DE LA SEMIÓTICA: BREVE RECORRIDO HISTÓRICO

La semiótica encuentra su razón de ser en la aplicación que el análisis de contenido puede hacer de sus descubrimientos y en los resultados que su desarrollo puede ofrecer al análisis de la cultura de masas. El nacimiento de la semiótica no puede situarse mucho más allá de los primeros años de nuestro siglo. Además, no se trata del nacimiento de una sola ciencia, sino de diversas escuelas con métodos y objetivos distintos.

Destacan dos importantes escuelas que han tardado 50 años en conocerse. En primer lugar, destaca la norteamericana representada por Charles Sander Peirce, y en segundo lugar, la europea de Ferdinand de Saussure. Entre 1931 y 1935 se publica la obra de Peirce Collected papers, con la que se puede decir que inicia la semiótica como ciencia independiente. Unos años más tarde, en 1938, Charles Morris publicaba Foundations of the theory of signs, Languaje and Behaviour, revisada de un trabajo escrito en 1940.

 

FERDINAND DE SAUSSURE Y SU PROFECÍA

En Europa, y de un manera paralela, Saussure imparte los cursos de lingüística general en ginebra. S. Bally y A. Sechehaye serán discípulos suyos y los encargados de publicar en 1916 el famoso Curso de Lingüística General, obra maestra de la Semiótica actual. La preocupación fundamental de Saussure es la de interpretar la lengua dentro de un marco que le permita descubrir su auténtica naturaleza, su especificidad, puesto que la lengua hablada no puede entenderse bajo ningún concepto como un fenómeno aislado. Y ya lo dijo el propio autor: "Si se quiere descubrir la verdadera naturaleza de la lengua, debemos empezar por considerarla en lo que tiene en común con los otros sistemas del mismo orden".

Esta circunstancia de la que habla Saussure y que tienen en común los sistemas del mismo orden no es otra que el papel que desempeñan los signos en la vida social. La lengua se distingue de los sistemas del "mismo orden" por su cualificada importancia. Según Saussure, "la lengua es un sistema de signos que expresan ideas distintas, y por eso comparable a la escritura, al alfabeto de los sordomudos, a los ritos simbólicos, a las formas de cortesía, a las señales militares, etc. Sólo que es el más importante de todos estos sistemas".

Esta frase supuso pues el inicio de un proceso de investigación del que forman parte una serie de lingüistas que compartían el estudio de estos sistemas  con el de este sistema "más importante".

La semiología, esta ciencia inexistente para Saussure, pero que ya tiene derechos adquiridos, encontrará, y de hecho lo está consiguiendo, su plena realización en el seno de los mensajes de la comunicación de masas, cuya importancia en la vida social es incuestionable.

Pero gracias a las enseñanzas de este lingüista ginebrino se ha descartado el viejo criterio según el cual se une una "cosa" a un "nombre". Esta relación nunca se produce con tanta simplicidad. El signo, unidad central de toda la aportación semiológica del Cours, es una entidad constituida por dos elementos de la naturaleza psíquica, que son el "concepto" y la "imagen acústica". El significado y el significante. En todo signo no se encuentran entonces unidos un "nombre" y una "cosa", sino estas dos entidades que acabamos de citar.

En cuanto al Cours, debemos decir que su aportación a la teoría de los significados es más bien escasa. De él podemos deducir el concepto, la componente semántica del signo, cuya relación con "las cosas" queda aún por definir. Sería aberrante decir que la noción saussuriana de concepto equivale a la clásica de la lógica aristotélica, pero la laguna se encuentra en torno a las relaciones entre este "concepto" y la realidad extralingüística o extrapsicológica, que tendrá repercusiones evidentes en la pobreza que toda la investigación europea presenta en el campo del análisis del contenido. De hecho, la falta de sistematización en torno a la problemática semántica ha sido una de las  limitaciones más importantes de la moderna ciencia del lenguaje, también de las aproximaciones a la comunicación de masas.

La segunda cuestión que delimita Saussure respecto a la cuarta componente del signo, "la imagen acústica", el "significante", es que no se trata del sonido material, cosa puramente física, sino de su impresión psíquica, la representación que de ella dan nuestros sentidos. La "imagen acústica" no es una entidad físico- material, sino la impresión física que una realidad de este tipo deja en nuestra mente. Saussure explica esto con un ejemplo: el carácter psíquico de nuestras imágenes acústicas aparece claramente cuando observamos nuestra lengua materna. Sin mover los labios ni la lengua, podemos hablarnos a nosotros mismos. Por esta razón, Georges Mounin incluye a Saussure en los esquemas mentalistas de la época.

Para Saussure, la realidad extrapsicológica que constituye el correspondiente universo expresivo, es un conjunto combinable de sonidos. El signo forma parte del proceso de comunicación, y para el receptor los "sonidos" recibidos son el resultado de la traducción de un complejo sonoro (físico material) a una imagen acústica (entidad de naturaleza psicológica). Por otra parte el término "significante" es insuficiente para designar esta duplicidad que se ha puesto de manifiesto. La "imagen acústica" se traduce a un sonido  determinado capaz de afectar los sentidos del receptor, el cual, a partir de esta recepción, inicia una traducción a la inversa, es decir, del complejo sonoro recibido a la imagen acústica.

Saussure solo habla de un modelo de entidad físico- material capaz de afectar a nuestros sentidos: el modelo propio del lenguaje verbal, de los sonidos. Ahora bien, en la perspectiva semiótica, estas entidades físico- materiales pueden ser de  diferentes naturalezas y afectar de este modo a distintos sentidos y a nuestras distintas capacidades perceptivas. La naturaleza de estas entidades no ha de ser necesariamente fónica (susceptible de ser reconocida auditivamente y traducible a una "imagen acústica"), puede ser traducida a una imagen visual, susceptible de ser traducida a una "imagen visual", así como a cualquier otra naturaleza físico- material: táctil, gustativa, olfativa, y por tanto, traducible a una "imagen táctil, gustativa u olfativa" respectivamente.

Esto resulta evidente desde nuestra perspectiva, en lo que se refiere a la pluralidad audiovisual, como es en el caso del sistema de semas del cine y la TV. Respecto a esta última deberíamos tener en cuenta la existencia de los siguientes componentes: Sistemas icónicos (imagen en movimiento, imagen fija, diversos gráficos, símbolos, letras.; sistema musical; sistema hablado, y considerar también las múltiples posibilidades combinación.

Incluso en los medios de comunicación que se dirigen a un solo sentido, podemos observar una importante serie de combinaciones. En la prensa. Por ejemplo, se debe resaltar la existencia de titulación, el recuadro, el tipo de letra, la fotografía, los diversos gráficos, etc. Por eso, situados en este punto, podemos abandonar la noción de imagen acústica, sólo válida para el lenguaje verbal, y sustituirla por la noción más amplia de imagen sensorial, capaz de interpretar la percepción de cualquier tipo de entidad físico- material. En semiótica ya no podremos hablar sólo de sonidos, sino más bien de "materialidades", ya sean del tipo que sean, captables por cualquier sentido.

De esta manera, será tarea de la semiótica elaborar un catálogo de estas materialidades, diseccionar los elementos expresivos y estudiar sus posibles combinaciones.

 

ERIC BUYSSENS Y LA NATURALEZA ESPECÍFICA DEL HECHO SEMIÓTICO

Buyssens es un gran teórico que prácticamente se puede considerar heredero de Saussure. En su obra Le language et le discours. Essai de linguistique fonctionelle dans le cadre de la Sémiologie, aparecida en 1943 y reeditada en el 67,  afirma que la semiología puede definirse como " el estudio de los procesos de comunicación, es decir, de los medios utilizados para influir a otro y reconocidos como tales por aquel a quien se quiere influir".

Se rompe así con una confusión presente en toda la semiología que nosotros hemos conocido y que según Mounin, sería imputable a la semiología barthiana "a causa de las cuales confunde, o corre el peligro d confundir a cada momento la interpretación de determinados indicios con la decodificación de los signos".

La semiótica se ocupará de acciones, procesos de comunicación, explícitamente destinados a influir en otros en otro (receptor) y reconocidos como tales por este. Frente a estos objetos propiamente semióticos Buyssens presenta los indicios que, aunque puedan ser interpretados y reconocidos, no constituyen, propiamente, hecho semiótico.

En el lenguaje cotidiano decimos que los hechos hablan cuando en realidad deberíamos decir que los hechos son indicios, pues no comunican, sino que están provistos de significación. Por lo tanto, establecida esta primera división, parece claro que la semiótica puede prescindir de todo un conjunto de mal llamados signos -deberían llamarse indicios- y ocuparse solo de los procesos intencionados, y recibidos por los receptores como tales. Los mensajes de la comunicación de masas deberían inscribirse en este marco, pues encontrarían su interpretación como procesos de comunicación y consecuentemente, como medios de manipulación.

El propio libro de Buyssens nos da algunos ejemplos de esta complicación. Cuando una persona se viste elegantemente para "comunicar" prestigio, escoge una forma de hacerlo que no sea una comunicación, sino simplemente un indicio. El emisor se acoge a un indicio porque este puede resultar más eficaz que cualquier información narcisista en torno al propio prestigio.

Una de las cuestiones que más ha embrollado al campo de la investigación semiótica, ha sido la confusión existente en torno a la naturaleza sémica de los mensajes artísticos. Según Buyssens, "las artistas desean una comunicación de sentimientos con el público; el arte responde a un deseo de manifestar, de exteriorizar los sentimientos estéticos. Establecida la primera distinción, queda por resolverlas posibles mutuas interrelaciones entre estos procesos y los procesos semiológicos" En este punto, Byssens demuestra ser ambiguo aunque sugerente: "Es necesario atribuir al arte un lugar bien curioso entre los hechos sémicos: está esencialmente condicionado por el deseo de manifestarse; su carácter sémico es secundario". Por esta razón uno de los problemas fundamentales de la semiótica de la comunicación de masas consistirá en establecer la naturaleza de estos y otros paralelos caracteres secundarios.

Sea cual sea la naturaleza de los sistemas de expresión, la función podrá delimitar su carácter sémico. Existen unos sistemas de expresión que por su relación con procesos conscientes constituyen, prioritariamente, el universo sémico; pero no lo es menos que cualquier materia expresiva -un hecho o un objeto- pueda convertirse en procesos semióticos en virtud del factor funcional.

La comunicación de masas constituye un caso especial de proceso de comunicación, en donde la intención de actuar sobre el receptor, es evidente. No obstante y con respecto al receptor, la conciencia de estar recibiendo mensajes especialmente destinados a actuar sobre ellos, aunque a distintos niveles, mediatizadas por la existencia de indicios que disimulan esa intencionalidad.

Las "semias"     

Otro aspecto destacable en la obra de Buyssens es su definición, clasificación y descripción de las "semias". La expresión 2semia" es el término especialmente adecuado para designar los objetos propios de la semiótica. Para Buyssens el término lenguaje podía designar igualmente los simples indicios como los procesos propiamente de comunicación. "Semia", por el contrario, designará únicamente las diversas modalidades estrictamente sémicas, que constituyan los procesos de comunicación.

Entre las "semias" más importantes destacarán las diversas lenguas (catalán, gallego, vasco, castellano, inglés, francés, etc). Respecto a las otras "semias", y desde nuestra perspectiva, no puede dejar de sorprendernos que entre la larga lista que propone Buyssens no haya ninguna referencia a los objetos de comunicación de masas.

Pero con respecto a la comunicación de masas sólo nos encontramos una breve referencia a la fotografía y al cine. Afirma que " en el cine no hay hecho social (es decir, hecho semiológico); nosotros interpretamos las imágenes del mismo modo como interpretaríamos los hechos representados por sus imágenes".

Por eso, a partir de esta pluralidad, ensaya un sistema clasificatorio de "semias". Una primera clasificación se establece por referencia a las modalidades sensoriales de su recepción. Una segunda se establece de acuerdo con las características del campo semántico de cada una de ellas. Una tercera clasificación de las "semias" lo hace con relación a la economía lingüística, a las diversas economías de articulación. La cuarta se establece considerando el factor sociológico, que hace referencia a las características del código de cada "semia" respecto al grupo social que lo utiliza. Finalmente, está la que se establece por referencia por referencia legislativa, es decir, el código de las "semias", viene establecido por una norma o ley.

En virtud a la clasificación que se establecería a partir del aparato sensorial que recibe a cada una de las "semias"  podrían delimitarse, por ejemplo, el discurso y la escritura. Asimismo podríamos clasificar las diversas "semias" de los mensajes de la comunicación de masas y establecer en cada caso las diversas relaciones entre "semias", sean estas sustitutivas o no.

En virtud a la clasificación que se establece a partir de la características semánticas de las distintas "semias", podremos delimitar las amplitudes semánticas de cada una de ellas. Pero no todos los campos tienen la misma amplitud (las lenguas, por ejemplo, destacan por ser "semias" de mayor amplitud semántica). A partir de esta diversidad de amplitudes, Buyssens apunta un tema que en la semiótica de la comunicación de masas debería desarrollarse necesariamente: el de la posibilidad de completar campos semánticos, reducir sus limitaciones, con el concurso de una "semia" reforzante.

Estas interrelaciones tienen una importancia enorme en la comunicación de masas: la música y el discurso hablado (en la radio); el gráfico, la fotografía y el texto (en un anuncio publicitario); el discurso y la imagen móvil (en la TV); los tamaños, las formas de las letras y, lógicamente, el propio texto (en la prensa); la música y la letra (en las canciones); el color, la imagen en movimiento y el discurso hablado (en el cine); fotografía, recuadro, texto ( en la fotonovela); etc.

Pero Buyssens advierte también que la semiología no es una ciencia que se ocupe de las grandes unidades significantes del discurso (del habla) tal y como se ha defendido. Dice que "entendida así, la semiología se apropia de un terreno que, hasta hoy día, correspondía a la estilística o a la exégesis literaria"

Buyssens, al recoger y potenciar  las profecías semiológicas de Saussure y al delimitar la naturaleza del hecho semiótico, establece una fronteras clarificadoras, pues aunque no haya hablado de comunicación de masas, en el momento en que define el campo de aplicación de la ciencia semiótica, establece también unos primeros pasos para la perspectiva de la comunicación de masas.

 

JOSÉ LUIS PRIETO Y EL CAMPO DE LA SIGNIFICACIÓN

Con José Luis Prieto, la reflexión semiológica iniciada por Saussure encuentra auténticas novedades en sus planteamientos, pues gracias a Buyssens y Saussure, ha sabido recoger los problemas más sugerentes y les ha dado nuevos y más rigurosos planteamientos teóricos. Concretamente ha utilizado las aportaciones de la teoría matemática de la información y de la lógica formal para explicar con nuevo rigor los conceptos que Saussure había explicado en términos metafóricos.

Lo que no cambia en Prieto son los objetos de preocupación de la semiología. La comunicación de masas sigue siendo una preocupación ausente. Pero las teorías de Prieto se centran más bien las aportaciones que su trabajo brinda al análisis del contenido, punto de mira fundamental de la semiótica de comunicación de masas.

Prieto, atento a Buyssens, afirma que: a)En el acto sémico (el acto de comunicación que decía más llanamente Buyssens) el receptor ha de darse cuenta que el emisor tiene el propósito de transmitir un mensaje. b)El receptor ha de "reconocer" el mensaje. Esto significa que, entre todos los mensajes posibles que pueda recibir, ha de reconocer precisamente, el que se le transmite.

En el acto sémico se observan estas dos circunstancias y se descubren dos tipos de indicaciones: a)la indicación notificativa por la que el receptor conoce la intención del emisor de transmitirle un mensaje, diferenciándose así el proceso de comunicación del simple indicio. b)la indicación significativa por la que el receptor reconoce, entre todos los mensajes posibles, el que se le dirige. De esta manera sería imposible hablar de la significación como si se tratase de una simple entidad mental; hablamos de significación por referencia a unas determinadas relaciones contextuales, es decir por referencia a una situación que implica circunstancias exteriores al código, y que completan el campo de significación propio del código correspondiente a la señal que se estudia.

Para que exista realmente acto de comunicación es necesario una cierta incertidumbre a propósito de un hecho. La información que nos proporciona una señal es una elección entre distintas posibilidades. Es la solución de una incógnita entre un repertorio más o ,menos amplio de diferentes posibilidades.

Prieto hace también una reflexión del "campo noético", que podemos traducirlo por "campo que abarca el contenido de un código", que hace referencia al plano de la expresión, denominado por Prieto "campo semántico". Ambos conceptos los podemos definir así:

Campo noético: el conjunto de todos los mensajes admitidos por una señal determinada, o por cualquiera que pertenezca al mismo código, constituye el campo noético del código respectivo, que se divide en dos clases complementarias, la que afirma y la que excluye, la cual siempre es más amplia que la primera.

Campo semántico: el campo semántico (expresivo) del código al que pertenece la señal de un acto sémico puede ser dividido en dos clases complementarias, una es el significante que esta señal realiza, y la otra el complemento de este significante que, excepto en códigos muy especiales, también será mucho más amplia que la primera.

Prieto también otorga cierta relevancia a las circunstancias, es decir, a todos los hechos conocidos por el receptor en el momento en que tiene lugar el acto sémico. La circunstancia suministra al receptor otra indicación. Prieto pone un ejemplo claro: Si a un hombre le pido "dame el lápiz", elimino con la señal, el mensaje "dame la libreta". Y esto es así, sea cual sea la circunstancia que acompaña al acto sémico. Las circunstancias, excepción hecha del caso en que se favorezca la ambigüedad, complementan la indicación significativa suministrada por la señal.

De todos los posibles mensajes admitidos por la señal, la circunstancia escoge uno. Los mensajes descartados por las circunstancias se convierten así en complementos del significado. Las circunstancias se transforman en elementos secundarios, pero presentes de significación, "primero, una señal admite determinados sentidos y no excluye a otros; en segundo lugar, el receptor atribuye a la señal aquel de los sentidos admitidos que está más favorecido por las circunstancias".

Lo mismo sucede en sentido negativo. Las circunstancias pueden convertirse en agentes de una realización contraria al acto sémico. Si las circunstancias supuestas por el emisor y por el receptor no coinciden, "falla" la comunicación. Si el emisor considera como circunstancia algo que el receptor no conoce, puede producirse una errónea interpretación. Y es que el texto es algo más que el texto, siempre es algo más que su contenido manifiesto.

También encontramos en las reflexiones de Prieto, el lazo de unión de las ciencias de la comunicación con las demás ciencias que se ocupan del hombre. El análisis del texto no es siempre suficiente para interpretar sus efectos, y... ni tan sólo para descubrir sus significados.

MORRIS Y LA SEMIÓTICA NORTEAMERICANA

En la historia moderna de la investigación norteamericana sobre el lenguaje podemos destacar dos autores influyentes. William Whithney -de notable influencia tanto en el área europea como norteamericana- y Charles Sander Peirce.

Charles Peirce nació en Cambridge, Massachussets, y es considerado uno de los fundadores del "pragmatismo" norteamericano, sus aportaciones a la filosofía son amplias y se refieren especialmente al campo de la lógica. Según él, lógica y semiótica se hallan íntimamente vinculadas. Define el signo según una triple relación:

1. Signos de sí mismos. Objetos de la gramática pura.

2. Signos en relación al objetos. Estudiados por la lógica.

3. Signos en relación con el sujeto. Estudiados por la retórica pura.

Esta triple relación daría lugar a dos paradigmas importantes en la historia de la teoría del lenguaje, por una parte al famoso triángulo desarrollado por Odgen y Richards (pensamiento o referencia, símbolo y referente) y por otra la triple distinción sintáctica- semántica- pragmática, que será recogida más adelante por Morris en la siguiente y más famosa trilogía. El signo puede entenderse como algo que dispone de tres formas de relación:

-Sintáctica: Estudia las relaciones de los signos entre sí y la de un signo con otros, independientemente de lo que signifiquen.

-Semántica: Estudia la relación establecida entre el signo y el objeto designado.

-Pragmática: Estudia la relación entre el signo y el objeto que lo utiliza.

Posteriormente, en "Signos, lenguaje y conducta", Morris establece algunas correcciones y aplicaciones de las tres definiciones: La Sintáctica se ocupará de las combinaciones entre signos sin atender a sus significaciones específicas o a las relaciones dentro de la conducta en que aparecen. La Semántica estudia la significación de los signos en todas las formas de significar. La Pragmática es la parte de la semiótica que trata del origen, usos y efectos de los signos en la conducta en que se presentan.

Morris, influenciado por Peirce y Bloomfield, se convierte en la figura más importante de la semiótica americana, se le debe otorgar, junto con Saussure, la paternidad de la ciencia semiótica tal y como se entiende actualmente, es decir, como una ciencia que tiene en cuenta los sistemas del "mismo orden" que el sistema del lenguaje hablado. Morris reconoce que podemos hablar de ciencia semiótica siempre que la entendamos como una tarea a realizar, y no como una ciencia debidamente construida. También adelanta un poco más y afirma que su trabajo, en el pórtico de la semiótica, representa una sólida base para su desarrollo. El amplio trabajo de Morris, verdaderamente sugerente, resulta una obra compleja en la que sin ningún orden se han situado distintos problemas que no acaban de ser recogidos de forma unitaria y coherente. Sobresale de manera central la preocupación de edificar la semiótica sobre las bases del behaviorismo. Según Morris, la semiótica, a caballo de estas teorías, podrá avanzar hasta situarse en el universo de las ciencias naturales.

La obra de Morris pretende una segunda base metodológica, en este caso, heredada de Peirce. De ahí la recargada terminología y las largas disquisiciones sobre el papel de la semiótica en la fundamentación de las ciencias humanas, sus reflexiones sobre el lenguaje, el metalenguaje, filosofía del lenguaje.

"Es una época en que la imprenta, la fotografía, la pintura, el cine y la televisión ocupan un lugar tan importante, es necesaria una semiótica que no descuide el signo visual...admitiendo que una semiótica comprensiva debe hacer justicia a los signos no vocales." Esta preocupación de Morris le hará descubrir el camino que dará sentido a la semiótica en el campo de las ciencias sociales, y esto será así porque una semiótica sensible a los signos de los mensajes de comunicación de masas sólo podrá desembocar en una semiótica de la cultura.

Según Morris, la interpretación del signo no puede hacerse en su propio marco, sino en el marco general en el que se inscribe el proceso de comunicación. "Los signos no se limitan a adquirir cierta significación en un momento determinado, sino que poseen esta significación únicamente en la historia de la vida particular de sus intérpretes y su aparición afecta, para bien o para mal, la posterior historia individual de estos intérpretes". Son entendidos como entidades que condicionan la conducta humana reciben del exterior "complemento" a su significado "interior" y provocan estados de conducta, mentalidades condicionadas.

Esta concepción conduce a Morris a comprender los signos como entidades manipulables. Se admite que estos puedan ser utilizados con el único propósito de comunicar, pero lo normal es que se desee establecer comunicación, con finalidades persuasivas, con algunos propósitos ulteriores. Los signos no pueden entenderse como unidades descomprometidas de la conducta humana.

La semiótica que quería edificar Morris pretende profundizar en el universo complejo de la utilización manipuladora de signos. Este autor ha sido consciente de que así como el signo tiene razón de ser en el marco de las relaciones estímulo- respuesta, asimismo la semiótica sólo tiene sentido en la medida que es una semiótica de la conducta.

Existe, por último otra cuestión por la que Morris estaba preocupado, que se centraba en las posibilidades creativas del individuo, frente al poder comunicativo de las nuevas técnicas de comunicación. "La tarea de la semiótica será fundamentalmente la de alentar y fortalecer al individuo para que mantenga su propia integridad creadora frente a las formas poderosas que tienden en el mundo moderno a reducirla a una pequeña marioneta, esclavo de los hilos de comunicación con que la sociedad lo manipula." Y es que Morris entiende que este universo cultural, semiótico, tiene repercusiones sobre la conducta de los individuos, y que el sémico viene también construido por los mensajes, cada día más influyentes, de la comunicación de masas.

ROLAND BARTHES

Roland Barthes tiene un interés inequívoco por el fenómeno literario, y sus reflexiones semiológicas en este campo han encontrado a unos discípulos entusiastas que han contribuido a divulgarlas. No es fácil sintetizar una obra tan compleja y extensa como la suya, ya que sus aportaciones desde la perspectiva de la semiótica son inmensas.

Barthes es, en primer lugar, un profesor de letras, limitado en diversas ocasiones -sobre todo en 1941- por su estado de salud. Marx, Freud y Saussure son los principales autores que lo marcan, y el seno del estructuralísmo francés, pretende recoger la profecía saussuriana acerca de la futura constitución de la semiología como ciencia. Por otra parte recibe también influencia marcada del espíritu del CECMAS (Centre dÉtudes Transdiciplinaires) y de la Escuela de Altos Estudios de la Sorbona, gracias a la cual sentirá el deseo de desenmascarar la retórica pequeñoburguesa presente en un universo tan extenso.

Barthes dijo que "la semiología tiene por objeto todos los sistemas de signos, cualquiera que sea la sustancia y los límites de estos sistemas: las imágenes, los gestos, los sonidos melódicos, los objetos y los conjuntos de estas sustancias constituyen si no "lenguajes", sí al menos sistemas de significación." Esta teoría, aunque confusa, es el punto de partida de la semiología. Ha afirmado Barthes que esta ciencia hasta hoy se ha ocupado de códigos sin interés. Son pocos los signos que no están vinculados de una u otra manera al lenguaje fónico. Esta advertencia encierra uno de los puntos más confusos de la semiología de Barthes.

Barthes también ha entendido que no existe ningún sistema de signos que no vaya acompañado de un mensaje lingüístico. Él mismo desarrollará el tema de la combinación entre el texto y la imagen fotográfica. El texto anula la polisemia propia de la imagen. Veamos: en el cine imagen y texto están íntimamente vinculados; en la fotonovela, el cómic, la publicidad comercial exterior, en la televisión, etc, resulta ya imposible de entender la componente icónica si no es con referencia a la componente escrita o fonética. "A pesar de la invasión de las imágenes, la nuestra es más que nunca la civilización de la escritura".

Esta vinculación de cualquier sistema de signos con el lenguaje escrito o fonético va más allá de una simple contigüidad. El analista solamente podrá abordar el campo de significación de la imagen si la "traduce" al campo de significación del lenguaje verbal. Barthes también extiende los dualismos saussarianos a la semiología general. Construye sus Elementos de semiología partiendo de los esquemas lingüísticos descubiertos por Saussure. Barthes, realizando en cada caso las correcciones correspondientes, interpreta todo sistema de signos a partir de los esquemas formales descubiertos en el "sistema más importante".

Pero la obra de Barthes merece más atención, pues ha de comprenderse como una aportación pionera. Su preocupación por la comunicación de masas no puede entenderse desligada del interés por los fenómenos que hasta el momento que él los trata habían sido ignorados por los sabios "universitarios".

Les mitologies de Roland Barthes es un intento de desenmascarar el significado latente de unas unidades "semánticas" al servicio de los gustos e intereses de la burguesía, y debe entenderse como una obra pionera de lo que en el futuro podrá ser una semiótica de la cultura. Barthes fue el primero en denunciar a la semiología por ocuparse exclusivamente por "códigos de interés ridículo". Él fue el primero, por lo menos en Europa, en unir en un mismo grupo y bajo una misma sistematización, en un idéntico centro de interés metodológico, el cine, la publicidad, la televisión, los cómics, la fotografía de prensa y el artículo periodístico.

Semejante a Saussure, también Barthes, una vez hechas las promesas semiológicas, no realiza el trabajo adecuado; son escasos sus trabajos semiológicos aplicados a la comunicación de masas. Su artículo Rhétorique de l´imaga, aparecido en "Communications", aun siendo una primicia histórica, no aporta realmente ninguna contribución definitiva.

Semiología literaria al margen, su gran aplicación semiológica se realiza en el campo de la moda. Aplicar la reflexión semiológica a este campo resulta coherente desde la perspectiva de una semiología generalizada, pero también constituye una prueba de que incluso aquellos que han preconizado, proféticamente, la conveniencia de que la comunicación de masas y sus mensajes estén sobre la mesa de trabajo de los semiólogos, han hecho de esta preocupación casi una preocupación ausente.

 

UMBERTO ECO Y LA SEMIÓTICA ITALIANA

Dado que la investigación sobre la comunicación de masas no puede aislarse de la realidad social en la que se desarrollan los procesos de comunicacionales que se estudian, y teniendo en cuenta que la realidad socio- cultural italiana mantiene diversos puntos de contacto con la correspondiente realidad española, parece oportuno dirigir la mirada a Italia.

En 1962, más o menos, tuvo lugar en este país una pequeña ruptura, una primera lectura crítica de la sociología norteamericana de comunicación, que hasta la fecha había condicionado toda la investigación italiana. Se trataba de una crisis que nacía, precisamente, de las exigencias sociales de la investigación y que apoyaba su conciencia en influencias como las de Gramsci, que precursoramente se había preocupado por el papel de los aparatos culturales de la sociedad industrial, de escuelas como las de París (Morin, Friedmann, Dumazudier, Barthes, etc) y Frankfurt (Adorno, Marcuse, Horkheimer, Benjamín, etc). Se ha llegado a decir que el dominio americano en la escena mundial de los mass media no es nada en comparación con el dominio americano en la escena mundial de la investigación sobre los mismos.

Pero Umberto Eco es el que se ha preocupado de una manera más directa y constante de la fundamentación científica de la semiótica. La estructura ausente, publicada en 1968, constituye una pieza fundamental de la historia de la semiótica. En la primera obra, y en el estado en que se encontraba la investigación en ese momento, se pretende abarcar todo el universo de los objetivos de la semiótica, usando todas las teorías que pueden aportar datos.

Pero junto a esta virtud encuentra su principal defecto en el desorden. La comparación entre el "mundo" de La estructura ausente, y el "mundo" de su reciente Tratado es interesante. Este último constituye una demostración impresionante de Eco para recoger los problemas de la semiótica y cristalizar sus distintos adelantos formales en una perspectiva teórica coherente. En este libro queda claro que existen distintas cuestiones cuya clarificación resultará importante para la constitución científica de la semiótica. Por ejemplo, las nociones de comunicación y significación; la posibilidad de una definición de la semiótica y de la delimitación de su campo; las posibles vinculaciones entre la semiótica y otras disciplinas, como la lógica, la antropología o la psicología; la crítica a la noción de referencia,la necesidad de redifinición de nociones como son la denotación y connotación. En su Tratado Eco ha sabido, además, encontrar unos ejes para interpretar todos los descubrimientos que sobre estas cuestiones se han ido sucediendo a lo largo de la historia.

En este libro, Eco ha puesto en torno a la teoría de los códigos, orden al problema que hace referencia a las implicaciones sociales de los fenómenos semióticos. Un código es un sistema de significación que acoge entidades y entidades ausentes. Ha dejado entonces claro que por una parte en torno a esta posibilidad, y por otra en torno al carácter convencional de los códigos, se encierra el carácter social de los fenómenos semióticos. También ha estudiado, y con carácter pionero, la importancia de los subcódigos y de sus modalidades.

 Después de este estudio ya puede definirse que las reglas de los códigos no nacen únicamente del estado actual de la investigación, sino del hecho que los códigos, con sus implicaciones sociales y dinámicas, no sean entidades estables.

La segunda "columna vertebral " del Tratado, lo constituye su "teoría de  la producción signica" que tiene su mejor componente en la preocupación por las estructuras de la expresión. Si con la teoría de los códigos se aclara el problema de las estructuras y dimensiones del contenido, con la teoría de la producción signica se aclara el de las estructuras y dimensiones de la expresión. La noción de "producción sígnica" Viene a dar a luz el problema de la clasificación y la naturaleza de los signos. La tipología de los modos de producción de las señales clarifica el hecho de que aquello que se viene denominando signo, es el resultado de varios modos de producción

El Tratado de Eco no es un libro "más", sino que por su capacidad de síntesis de las distintas aproximaciones científicas y por su capacidad de ordenarlas en los trocos comunes de la teoría de los códigos y de la producción sígnica, constituye una prueba cualificada de la madurez científica conseguida por la semiótica y un indicio de sus posibilidades futuras.

La estructura ausente se compone de cuatro secciones. La primera se titula "La señal y el sentido" que trata de las consideraciones generales sobre los problemas del área de la expresión y del contenido. La sección B, la segunda, se dedica a la problemática semiótica de los mensajes visuales. También se realizan una serie de análisis referentes a anuncios publicitarios. Se trata de una descripción inteligente, pero no aporta elementos formales aplicables a lo que es la verdadera fundamentación teórica. La sección C, "La función y el signo", está dedicada a la semiótica arquitectónica. Y la última sección, "la estructura ausente. Los fundamentos de la investigación semiótica", se extiende en consideraciones generales sobre el estructuralismo y sus relaciones con la antropología y las aportaciones de Lévi- Strauss. Se trata de divulgaciones que en algunos aspectos se acercan a la filosofía de la comunicación.

Para Umberto Eco, la semiótica se ocupa de lo siguiente: zoosemiótica, señales olfativas, comunicación táctil, código de los gustos, paralingüística, cinésica y proxémica, semiótica médica, código musicales, lenguajes formalizados, lenguas naturales, comunicaciones visuales, estructuras de la narrativa, códigos naturales, códigos y mensajes estéticos, comunicación de masas, retórica, lenguas escritas, alfabetos desconocidos, códigos secretos.

En el catálogo de Eco hay otras disciplinas que deben ser tratadas por la semiótica de la comunicación de masas; el estudio de los códigos musicales será imprescindible para el análisis semiótico de los "media" televisión, radio, discos... El estudio de las comunicaciones visuales entra en el área de la narrativa icónica, propia de la televisión, del cine, de los carteles, de la prensa escrita, de los cómics.

Considerando este planteamiento, la semiótica de la comunicación de masas dejará de ser un apartado ocasional de la ciencia semiótica para devenir su objeto privilegiado.

LA SEMIÓTICA EN EL MARCO DE LAS CIENCIAS DE LA COMUNICACIÓN

Se entiende por semiótica de comunicación de masas aquella disciplina, aún por constituir, que se ocupará del análisis de los diferentes sistemas de semas que constituyen los mensajes de la comunicación de masas. Su tarea consistirá, por una parte, en descubrir las estructuras expresivas(los significantes) y por otra, las estructuras del contenido (los significados), así como las mutuas relaciones, la función semiótica, el grado de arbitrariedad, que las vincula.

La semiótica de la comunicación de masas deberá prestar una atención especial a los condicionantes y complementos que el proceso de la comunicación impone al mensaje, peculiaridades del canal, emisión, recepción, así como las interferencias entre los distintos sistemas de semas en un mismo proceso comunicativo, como sucede, por ejemplo, en los medios audiovisuales.

Desde un principio cabe destacar que la teoría de la comunicación de masas no puede abordarse desde un mismo y único punto de vista, porque su objetivo no es un fenómeno, sino más bien la confluencia de una multiplicidad de ellos. No nos enfrentamos a un sólo objeto de investigación, sino a un proceso de múltiples dimensiones.

El auténtico problema de la teoría de la comunicación de masas radica en encontrar aquellas estructuras formales, aquellos paradigmas, que nos permitan unificar esa pluralidad en una perspectiva teórica coherente. Ésta es una advertencia que nos ha sido hecha por diversos autores que, en la experiencia de su trabajo científico, se han encontrado repetidamente con esta dificultad metodológica. Wilbur Schramm, uno de los pioneros de la ciencia de comunicación de masas, nos da un testimonio elocuente de esta multiplicidad cuando afirma: "supongamos que el problema reside en la forma como la comunicación sirve al desarrollo económico y social en una nación nueva. Llevar a cabo este tipo de investigación de manera adecuada exigiría como mínimo a un economista y a un antropólogo, y quizás a un experto en ciencias políticas y a un investigador de la comunicación. La investigación sobre la naturaleza del significado exigiría la colaboración de la sociología, de la lingüística y quizá también de la lógica o de la filosofía. El estudio de la organización de un periódico o de una cadena de televisión se beneficiarían con la ayuda de un sociólogo y quizá de un economista. el estudio de los efectos sociales de la comunicación se beneficiarían de la cooperación de cualquiera de las ciencias sociales, según la naturaleza de estas.

A pesar de que Lasswell diga que no se trata de fraccionar la acción de la comunicación, sino de entenderla como una totalidad en el conjunto social, el hecho es que en su concepción de la estructura interna de la acción de la comunicación no se explica la forma de interrelación, la dinámica de sus diferentes dinámicas o estadios. Será necesario recorrer un  serie de etapas para llegar a esta comprensión dinámica y coherente de la acción comunicativa, y todo ello no empieza a vislumbrarse hasta la aparición de las últimas obras de Abraham Moles consagradas a la cultura y a la comunicación de masas. De todas formas esta descomposición analítica del acto de la comunicación ha servido para delimitar el campo de estudio y sugerir las delimitaciones que han de iniciarse de acuerdo con este punto de partida moderador.

Según Francis Balle y Jean Padioleau este esquema está especialmente centrado en la búsqueda de efectos en el sistema de comunicación de masas. El paradigma es lo suficientemente abierto como para no ser el responsable de la preocupación casi exclusiva de los primeros investigadores de la comunicación de masas, particularmente los norteamericanos por la sociología de los "efectos". Deben buscarse las causas en las circunstancias históricas (políticas y científicas), en las que se desenvolvió esta investigación.

El hecho es que, según cuales sean las circunstancias condicionantes, la preocupación por la comunicación de masas ha significado desde sus inicios -alrededor de 1830 en los Estados Unidos- una preocupación para la sociología de los efectos de la comunicación masiva. La importancia de la propaganda política durante la Segunda Guerra Mundial, las exigencias comerciales derivadas de la aparición de nuevos medios de comunicación masiva (cine, radio) serán las causas que animarán, y subvencionarán, la primera sociología de la comunicación de masas que, propiamente, será una sociología de las actitudes de la audiencia. En definitiva, los estudios que mayor desarrollo han experimentado han sido los correspondientes a la audiencia y a los efectos.

En la actualidad el paradigma de Lasswell ha sido destruido, sobre todo a partir de la desaparición de McLuhan, que rompe la distinción entre el "Que" (el análisis del contenido) y el "canal" (el análisis de los medios), con la famosa teoría de que "el medio es el mensaje". Para McLuhan, lo que ha remodelado y cambiado las sociedades no es tanto el contenido de los mensajes como la naturaleza de los medios a través de los cuales se transmiten estos contenidos. Rompe también con la distinción entre el "Quién" y el "A quién" respecto de los medios, porque ambos constituyen una nueva unidad antropológica. Los medios son las prolongaciones de los sentidos. La tecnología desencadena una serie de modificaciones en el ámbito sensorial que implican, homogéneamente, a todos los elementos de la acción comunicativa.

De las dos experiencias teóricas, la de Lasswell por el momento más provechosa que la de McLuhan, podemos concluir con dos enseñanzas. Por una parte la conveniencia de elaborar esquemas formales, paradigmas que nos permitan afrontar con método, con rigor científico, el fenómeno múltiple de la comunicación masiva, y por la otra la conveniencia de plantearnos homogéneamente esta pluralidad adivinando las mutuas implicaciones en la dinámica, en el proceso de transmisión y en su propia naturaleza estructural.

 

MOLES Y LA CULTURA DE MASAS

La comunicación de masas juega un papel decisivo en lo que Moles denomina retablo socio- cultural, que representa una manera de explicar la naturaleza intermediaria del código cultural.

El retablo socio- cultural no debe representarse como una entidad aislada, sino de una manera más global, dentro de un proceso dinámico que el propio Moles ha llamado "ciclo socio- cultural". Según este autor, existe una especie de almacén de unidades culturales que se llama "memoria del mundo". La comunicación de masas recoge el material disponible en este almacén, y de acuerdo con una escala de valores, que hace las veces de entidad mediadora, lo transmite. La comunicación de masas constituye una pantalla mediante la cual reaparecen los objetos "almacenados", según una determinada versión ideológica.

Este retablo - o pantalla- socio- cultural, está a su vez condicionado por las circunstancias políticas, económicas y culturales, y hace sobresalir e infravalorar, según los casos, unos u otros aspectos de las unidades informativas. Por este retablo no sólo pasan los objetos almacenados en la memoria del mundo, que han quedado recogidos en nuestro código lingüístico, sino también los acontecimientos. De hecho, los sucesos que se producen cada día, cada hora, cada minuto, pasan por el; son muy pocas las cosas que conocemos directamente. Todas las cosas que se desarrollan más allá de nuestra experiencia inmediata y de nuestra vida cotidiana, las conocemos mediatizadas por la inferencia ideológica del retablo socio- cultural.

La memoria del mundo es la propia historia contemporánea, los hechos que conocemos y la convicción de que diariamente se irán sucediendo cosas a las que sólo podremos tener acceso a través de este retablo que también podemos denominar socio- político  y cultural. El rol de este no es reproducir, sino producir  según unas determinadas connotaciones ideológicas que responden a las exigencias de la ideología dominante. Los acontecimientos.

Moles dota a esta red de interpretaciones, de varias características dentro de las cuales cabe destacar la noción de "mosaico", dado que en la cultura de masas no existen ideas fundamentales, sino simplemente muchas ideas importantes. Para él, y según su hipótesis, la cultura de masas moderna está constituida por un mosaico de elementos dispersos. El hombre está subordinado a un intenso flujo de mensajes, no como en la cultura clásica, pero su pensamiento no es el resultado de un cuadro racional, sino de un conjunto de conocimientos que recibimos día a día por información desordenada a través de los medios de comunicación de masas.

Esta cultura será denominada "de mosaico" dado que se presenta como esencialmente aleatoria, como un conjunto de fragmentos, por yuxtaposición, sin construcción, sin punto de referencia, donde ninguna idea es necesariamente general, pero en la que muchas son importantes. En la cultura de masa existen una pluralidad de elementos de significación que, aparentemente, no presentan una cohesión (entendiendo como tal una correspondencia entre las condiciones de existencia del hombre y las de la sociedad, con el universo simbólico que los sustituye). Pero si entendemos por coherencia las relaciones que se establecen entre los distintos elementos en el plano del contenido para sustituir las condiciones reales de existencia por un universo simbólico impuesto por la ideología dominante, entonces sí que existe coherencia.

A través del lenguaje y con la participación de la falacia, el hombre es capaz de dar semióticamente cohesión a situaciones en el extremo contradictorias.

Fuentes:

"Semiótica de la comunicación de masas" Miguel de Moragas Spa,

"La estructura ausente" Umberto Eco

"Tratado de semiótica general" Umberto Eco

"Curso de lingüística general" Ferdinand de Saussure

"Elementos de semiología" Roland Barthes